SUDÁN, PÓLVORA EN LOS OJOS ANTE LA CEGUERA INTERNACIONAL
SER MUJER EN SUDÁN: CUANDO EL CUERPO TAMBIÉN ES UN FRENTE
“Pocos meses después de que empezase la guerra, un grupo de mujeres de Gezira decidió suicidarse porque sabía que las Fuerzas de Apoyo Rápido habían entrado en la zona”. Mohamed no lo cuenta como una excepción, sino como una lógica de guerra. En Sudán, la violencia sexual no aparece en los márgenes del conflicto, forma parte de él.

Las mujeres sudanesas no solo cargan con la pobreza, el desplazamiento o el hambre. También conviven con una forma de violencia diseñada para humillar, castigar y someter. Aseel recuerda otro relato. Un centenar de mujeres se colgó piedras al cuello y se arrojó al agua antes de ser capturadas. No querían ser violadas.
La violencia sexual no es un daño colateral. Es un arma de guerra. Carmen Terradillos, coordinadora médica de la unidad de emergencia de Médicos Sin Fronteras en Sudán, explica que muchas mujeres y niñas “no llegan a los centros sanitarios dentro de las primeras 72 horas”, un plazo crítico para determinados tratamientos. Llegan tarde -si llegan- por los desplazamientos forzados, la inseguridad, el estigma o la ausencia de estructuras sanitarias todavía en pie.
“Hablamos de una guerra contra las personas”, resume. Después añade otro dato que termina de explicar el resto: alrededor del 60% de las estructuras sanitarias han quedado destruidas. El cuerpo de las mujeres queda así expuesto a una violencia doble: la agresión y la imposibilidad de recibir atención.
El informe de MSF publicado el 31 de marzo de 2026 documentó 3.396 supervivientes de violencia sexual tratadas en centros apoyados por la organización en Darfur Norte y Sur entre enero de 2024 y noviembre de 2025. El 97% eran mujeres y niñas. Lo horrendo no es solo la violencia, sino la forma en que se ha vuelto parte de la rutina de guerra.


Aseel lo cuenta sin énfasis, casi desde la costumbre, y ahí está precisamente el horror. Las partes beligerantes han convertido su posición de poder en un mecanismo de dominio cotidiano. “Un día, las Fuerzas de Apoyo Rápido entraron en su casa -amiga de un familiar- y le dijeron: ‘Hoy te toca a ti’”. Su hijo y su marido intentaron salvarla. Los mataron.
Amnistía Internacional y la Misión Internacional de la ONU refuerzan el mismo patrón, aunque sin consecuencias reales. La violencia sexual no es marginal: es una práctica generalizada y sistemática. Amnistía documenta violaciones, violaciones en grupo, esclavitud sexual y ataques contra mujeres y niñas en Jartum, Bahri, Omdurmán, Darfur y Gezira. En muchos casos, las FAR fuerzan a mujeres y niñas a cambio de ayuda humanitaria que después ni siquiera entregan. En Sudán, el cuerpo de las mujeres también se ha convertido en territorio de guerra.
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Universidad Carlos III de Madrid | Doble Grado en Periodismo y Comunicación Audiovisual

Sudán | pólvora en los ojos ante la ceguera de Occidente | Alicia González y Gómez