SUDÁN, PÓLVORA EN LOS OJOS ANTE LA CEGUERA INTERNACIONAL

LAS VOCES DE LA DIÁSPORA SUDANESA

“Mi madre me contó cómo entraron en casa de un chico que estaba grabando los crímenes de las Fuerzas de Apoyo Rápido. Fueron a robarle. Le cogieron el móvil. Vieron los vídeos, las conversaciones con su hermano. Le torturaron. Después lo grabaron y subieron el vídeo a su estado de WhatsApp. Su madre vio cómo torturaban a su hijo”

Así llegan a Aseel muchas de las historias que todavía recibe desde Sudán. La guerra empieza en el teléfono.

“Es muy difícil comunicarse con la gente que sigue allí”, explica. Muchas veces se corta la conexión y, cuando no se corta, aparece otro bloqueo: enviar dinero casi siempre implica que “las fuerzas armadas te lo quiten cuando vas a retirarlo”. En Sudán, las telecomunicaciones también son un frente. Los cortes y las interrupciones deliberadas no solo aíslan a las familias; también afectan a los servicios de emergencia, a la ayuda humanitaria y a la posibilidad de demostrar lo que ocurre.

Hassan Elfadul es otra de las voces de la diáspora, pero su herida es distinta: “Hay muchos sudaneses, pero Sudán no existe ya como antes”. Hassan ya no ve su país como un mapa, sino como una fractura. Describe a su familia —y a buena parte de sus compatriotas— repartida entre Chad, Egipto, Sudán del Sur, Etiopía y Ruanda. Describe un país diseminado. 

Aun así, insiste en una idea crucial: la invisibilización no se explica solo porque no se mire Sudán, sino porque muchas veces no se puede mirar. “Lo más difícil de Sudán es que no se puede grabar con tu propio móvil lo que está pasando de verdad”, cuenta. Quien conserva imágenes o pruebas puede ser detenido, torturado o asesinado.

La desconexión no solo aísla, también deja a la población sin posibilidad de pedir ayuda, de curarse o de sobrevivir. Igor García Barrero, responsable de comunicación para Sudán de Médicos Sin Fronteras, denuncia los ataques intencionados contra sus puestos sanitarios por parte de las FAR y el abandono que, asegura, sienten por parte de los organismos de Naciones Unidas. Desde abril de 2023, la OMS ha verificado 217 ataques contra la atención sanitaria, con un total de 2.052 muertes y 810 heridos.

En Sudán, la atención médica se ha convertido en un privilegio inseguro. Los centros sanitarios también son un objetivo militar. Igor García advierte de que, además de los cuatro millones de personas que sufren malnutrición aguda, el país afronta brotes de cólera, sarampión, dengue y difteria. Médicos Sin Fronteras ha reiterado la necesidad de vacunas para contener estas enfermedades, pero siguen sin llegar y no encuentran una respuesta consistente por parte de la OMS.

Una enfermera atiende a un niño ingresado en el centro de estabilización del hospital pediátrico de Port Sudan, Sudán | Fuente: Associated Press

En una zona del Hospital Al Shaabi de Jartum, dañada por la guerra, se amontonan maniquíes médicos en el suelo | Fuente: Associated Press

Un guardia recorre una zona del Hospital Al Shaabi, en Jartum, que ha sufrido daños por la guerra | Fuente: Associated Press

Igor García vincula sin rodeos la escasa atención internacional con los intereses estratégicos. “Como la guerra de Sudán no afecta directamente a los intereses económicos de otros países, no se interesan en ayudar”, sostiene. También advierte del bloqueo de la ayuda humanitaria. En algunos campos de refugiados, asegura, han tenido que repartir “únicamente tres litros de agua” para cubrir necesidades básicas.

Las Fuerzas de Apoyo Rápido bloquean parte de la ayuda para autofinanciarse o convertirla en moneda de trueque con la población civil. Aseel, Hassan y Mohamed repiten la misma idea. “No sirve” enviar alimentos, ropa o medicamentos, porque saben que nunca llegarán. No es una hipérbole. Las agencias internacionales ya han confirmado condiciones de hambruna en El Fasher y Kadugli, y advierten de que el hambre puede extenderse a otras veinte áreas de Darfur y Kordofán. En Sudán, incluso sobrevivir depende de que algo consiga atravesar el bloqueo.

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Universidad Carlos III de Madrid | Doble Grado en Periodismo y Comunicación Audiovisual

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