LOS INTERESES DE OCCIDENTE QUE ALIMENTAN LA GUERRA EN SUDÁN
Sudán no es una fatalidad cultural. Sudán es un Estado construido sobre desigualdades acumuladas, con periferias militarizadas y con una transición frustrada por élites armadas que eligieron el poder y jamás lo soltaron


Existe silencio al respecto, pero la sociedad internacional es perfectamente conocedora de ello. Amnistía documentó en 2024 la circulación hacia Sudán y Darfur de armas fabricadas en países como China, Rusia, Turquía y Emiratos Árabes, a pesar del embargo de la ONU sobre Darfur.
Fuentes cercanas al Ministerio de Asuntos Exteriores y al Gabinete Internacional de Moncloa señalan un entramado mayor. Ambas apuntan a que el “cuarteto internacional” -formado por Estados Unidos, Israel, Emiratos Árabes y Arabia Saudí- trata de establecer el orden regional e inmiscuirse en el conflicto de Sudán con intereses propios. Israel es uno de los países que, según estas fuentes, financia a las Fuerzas de Apoyo Rápido de Hemedti.
Añaden, además, que en un conflicto donde predominan la “desconfianza mutua” y la “lucha de egos”, si se suma el exacerbado patriotismo de Netanyahu -y su fiel aliado Trump-, las implicaciones pueden ser mayores. “Israel busca profundidad estratégica -en referencia a la cercanía con Irán- y, en este sentido, Sudán es el patio trasero”, aseguran.
Existe también la concepción internacional de que la guerra de Sudán es “una guerra por el oro”. Sin embargo, los recursos no son el único telón de fondo. El oro importa, pero la agricultura y el control del agua -exportada en forma de alimentos y ganado- también son fundamentales para comprender el tablero. Marc Español, periodista de El País, habla de una guerra por la devastación de territorios fértiles, por el control de corredores, por la financiación militar y por la continuidad de economías de guerra locales y regionales.


La herencia colonial no es una explicación automática, pero sí existe un sedimento de ella. Persisten fronteras impuestas, un desarrollo desigual del centro frente a las periferias y un gobierno acostumbrado a reprimir.
En el plano oficial, José Naranjo asegura que la Unión Europea está “más preocupada por la oleada de refugiados sudaneses que por la naturaleza del conflicto en sí”. Fuentes cercanas al Gabinete Internacional de Moncloa coinciden también en la pasividad de Europa. Aseguran, además, que la postura de España es “rígida y firme”: “Los disparos deben dejar de sonar”. En 2026, España suscribió una declaración ministerial conjunta sobre la población civil y las operaciones humanitarias en Sudán. La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) respondió al llamamiento de la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja y, según la propia agencia, aportó 1,5 millones de euros en 2025 para una respuesta que aspiraba a alcanzar a tres millones de personas afectadas.
Sin embargo, desde España, fuentes cercanas al Gabinete Internacional de Moncloa y al Ministerio de Asuntos Exteriores señalan la falta de “unidad” en la Unión Europea y Naciones Unidas. Aunque estos sean pasos reales dentro de la respuesta internacional, continúan siendo insuficientes para la realidad de Sudán. El conflicto africano solo tiene una exigencia mínima: mirar.
Sudán, la guerra que deciden no mirar

"A veces cuando sueño me imagino reconstruyendo cada una de las casas que nos arrebató esta guerra", dice Aseel
La población civil sudanesa ha introducido en su día a día los bombardeos, los drones y los raptos, pero ha asumido también las espaldas de la sociedad internacional. Esta guerra es una guerra silenciada por la convergencia de intereses, inercias y obstáculos que hacen que las muertes, la violencia sexual y la peor crisis humanitaria del mundo pesen de forma diferente.
Aseel sigue recordando el olor del azúcar y el té, como quien se aferra a la prueba más simple de que antes de la pólvora hubo una vida. Una vida que quieren recuperar. Hassan Elfadul sueña con “reconstruir” lo que, dice, todavía es su país.
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Universidad Carlos III de Madrid | Doble Grado en Periodismo y Comunicación Audiovisual

Sudán | pólvora en los ojos ante la ceguera de Occidente | Alicia González y Gómez